A falta de residencias geriátricas para homosexuales, que la Administración se resiste a crear para no fomentar la guetización de este colectivo, comienzan a aparecer en España proyectos de villas de lujo y viviendas tuteladas privadas para ancianos que sufren el estigma de la soledad, la vejez y el rechazo por su orientación sexual.
Es, precisamente, la comprensión, la clave de esta iniciativa. Desde hace mucho tiempo se viene denunciando en los colectivos gay la marginación sufrida por los ancianos en los centros tradicionales: lesbianas que han sido forzadas a vivir en habitaciones distintas; acoso y maltrato por parte de los compañeros de residencia; cuidadores que se niegan a tratar a homosexuales; o incluso transexuales que han tenido que volver a vestirse de hombres para ser aceptados en los centros.
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